Masaje a ciegas para acabar con el turismo sexual en Tailandia

Masajistas invidentes tailandeses, los encargados de conservar la tradición terapéutica

El Mundo

Entre un microclima de aromas de eucalipto, cúrcuma y lavanda, el equipo de masajistas comienza la jornada realizando su ceremonia diaria (Wai Khru), que muestra gratitud y respeto a sus maestros. Ofrecen flores y frutas como obsequio, prenden incienso y cantan: «Na ha na wa ro ha payati vinasanti». «Para que la enfermedad y el dolor sean eliminados completamente», traduce Aomjai, manager del centro de masajes Blind Thai Massage de Chiang Mai, en el norte de Tailandia. Para dar por finalizada la oración, juntan sus manos en actitud de reverencia. «Primero sobre la cabeza por los guías, después frente al tercer ojo por los maestros y por último en el pecho, por los humanos», explica el terapeuta Art. Para abrir el espacio al público solo faltan tres detalles: calentar aceite de sésamo, preparar toallas y, sobre todo, encender el aire acondicionado.

AOMJAI (Manager de Thai blind massage)

``Llevo 11 años en este proyecto de inserción frente a la ola de centros no profesionales en todo el país. Es una manera de seguir con la tradición de nuestra cultura y de dar trabajo a profesionales``

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